“Es cierto que la ciencia ha sido impulsada con una rapidez impresionante durante las últimas décadas, pero contemplad a los eruditos, contemplad a esas gallinas exhaustas. Estos eruditos distan mucho de ser naturalezas ‘armónicas’; sólo saben cacarear más que nunca, porque ponen huevos con mayor frecuencia: sin embargo, los huevos se han vuelto cada vez más pequeños (aunque los libros sean cada vez más voluminosos).”
Según Nietzsche, el olvido tiene su función: es fundamental para evitar que el pasado destruya la fuerza plástica, la vitalidad de una cultura. Frente a la Historia monumental que hace que “los muertos entierren a los vivos” y a la historia del anticuario que momifica la energía vital, es indispensable sostener un historicismo crítico que disuelve y quiebra el pasado para poder vivir.
Friedrich Wilhelm Nietzsche nació en 1844 en Röcken, Prusia, en el seno de una familia luterana. Sus críticas contra la cultura contemporánea, la religión y la filosofía giran en torno a un eje básico: la institución de los valores y la moral. El estilo poderoso y sutil de su abordaje es una característica central de sus escritos, entre los cuales se destacan:
El nacimiento de la tragedia (1872), Así hablaba Zaratustra (1883) y
La genealogía de la moral (1887). Nietzsche murió en 1900.